SALUDA DEL ALCALDE DE LEPE
No podéis imaginar la emoción que me embarga al escribir estas líneas, por primera vez, en una revista que es baluarte de nuestra devoción. Cuando estas páginas llegan a nuestras manos, sabemos que uno de los momentos más grandiosos para nuestro pueblo está a punto de comenzar.
Este año, el destino, caprichoso, me ha concedido el doble honor: servir como alcalde y, además, ser rematante del Pendón junto a mi grupo de amigos. No cabe mayor fortuna para un lepero. Por eso, mi gratitud es infinita, y mi única forma de devolver tanto es con entrega e ilusión.
Decir Lepe es decir Bella, Nuestra Romería es el latido de nuestra ciudad, el encuentro de generaciones que, con fe, amor y orgullo, peregrinamos hasta el santuario de El Terrón. Para nuestra Virgen, todo nos parece poco; su atracción es un imán que nos une con fuerza, nos hace únicos y por eso somos admirados en el mundo.
Este 2025 nos regala un motivo aún más especial: celebramos el Año Jubilar. Un tiempo para vivir nuestra fe con mayor intensidad, para caminar como verdaderos peregrinos de esperanza. Y no hay mejor manera de hacerlo que entregándonos con alma y corazón a nuestra devoción por la Virgen de la Bella.
La Romería es mucho más que una celebración religiosa. Es el alma de nuestro pueblo, el reflejo de nuestra identidad y nuestra tradición. En los días previos, la alegría se respira en cada rincón de Lepe. Las calles se visten de papelillos, los escaparates se llenan de volantes y lunares y la melodía que suena lleva ritmo de sevillanas.
Lepe ha crecido, se ha transformado en un crisol de culturas, religiones e idiomas, pero hay algo que nos une por encima de todo: nuestra fe mariana. El mes de mayo es sagrado en nuestro calendario, como lo es cada día el goteo de fieles a la Parroquia Santo Domingo de Guzmán, donde la Virgen nos espera en su camarín. Allí, le damos gracias, le pedimos, nos encomendamos, es nuestro refugio.
Hoy, más que nunca, pido una Romería de unidad, respeto y alegría compartida. Que volvamos a demostrar que la devoción a nuestra Patrona es el mayor legado que podemos dejar a las generaciones futuras. Vivamos este Año Jubilar como auténticos peregrinos de la esperanza, con el corazón abierto a los demás y la certeza de que la Virgen de la Bella nos guía y nos protege siempre.
Con todo mi cariño y devoción,
Adolfo Verano Domínguez,
Alcalde de Lepe